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El tortuoso viaje a las montañas

2 noviembre, 2010

Se acercaba el puente de los santos, momento que había que aprovechar para realizar alguna excursión fuera de la capital polaca. Decidimos que sería buena idea acercarse a las única cordillera que hay en la llana Polonia, los montes Tatras, que al sur del país ejercen de frontera natural con Eslovaquia. Concretamente nos dirigíamos a la pequeña villa de Zakopane.

Para llegar hasta allí había que realizar un viaje en ferrocarril primero a Cracovia para luego cambiar a un autobús que nos llevase al pueblo montañés. No debería llevarnos más de 5 horas y estaríamos en nuestro destino para la hora de la cena. Sin embargo, no contábamos con los carteles de “desinformación” de la estación de Varsovia.

Se encontraba abarrotada de viajeros que partían hacía diversos lugares aprovechando el largo fin de semana que se presentaba. Tras localizar desde qué andén debíamos tomar nuestro tren, comprobamos que la situación en éste era aún peor. Estaba completamente atestado de pasajeros esperando la llegada del ferrocarril, en una imagen que me recordaba a las muchedumbres que, en el pasado, se agolpaban frente a las vías antes de ser introducidas por la fuerza en vagones hacia la muerte.

Sobre el andén figuraba el cartel que indicaba que en dos minutos saldría el tren con parada en Cracovia. En ese momento se acerca el vehículo y los pasajeros se afanan por entrar rápidamente en él, tratando de buscar una plaza donde sentarse para hacer el viaje más cómodo. Es típico en Polonia que algunos trenes no ofrezcan reserva de asiento y que entren más pasajeros de los que realmente pueden ir sentados. Nosotros no pudimos encontrar ninguna plaza libre así que nos quedamos de pie en el pasillo.

Una vez que el tren reemprende su marcha y sale del subsuelo de la estación varsoviana, comprobamos con extrañeza que se dirige en dirección oeste en lugar de desplazarse hacia el sur. Consultamos a una pasajera sobre el destino del ferrocarril y confirman nuestras sospechas: ese tren no iba a Cracovia sino a Wroclaw, en un viaje que iba a durar cinco horas y que en ningún momento nos acercaba a donde queríamos ir. Aquel maldito cartel sobre el andén nos había engañado.

No era el tiempo de lamentaciones y sí de elaborar una ruta alternativa para llegar a nuestro destino cuanto antes. Afortunadamente la pasajera y una revisora nos informaron de las posibilidades de ir a Cracovia desde Wroclaw. Teníamos disponible un tren sobre las diez y media de la noche que llegaba a Cracovia de madrugada, así que, decidimos tomarlo y pasar la noche en la estación cracoviana aguardando el primer autobús de la mañana hacia Zakopane. Por suerte, no hubo que esperar tanto, pues cinco minutos después de la llegada de ese segundo tren, a eso de las tres y media de la madrugada, partía un autobús hacia las montañas. Por fin una buena noticia.

Finalmente, arribamos a Zakopane casi al alba del día siguiente, catorce horas después de nuestra partida y habiendo recorrido media Polonia. Afortunadamente, el largo y pesado viaje mereció posteriormente la pena.

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One comment

  1. Tiene cojones que pongan como destino Cracovia cuando en realidad va a otro lado! :S

    Son caros los trenes por allí?



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