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Sombras en la oscuridad

23 noviembre, 2010

Cuando llegué a Varsovia hace ya algunas semanas, me encontré el tiempo de cara. El sol lucía, el cielo se mostraba azul. Aproveché para salir a ver la ciudad, admirar sus monumentos y recorrer sus parques mientras los árboles aún tenían hojas y los rayos de luz reflejaban los tonos dorados del otoño. Sin embargo, mis compañeros polacos del trabajo me advirtieron que esa situación no duraría mucho. Y estaban en lo cierto.

Al cabo de unos días, empezaron a llegar tímidamente nubes grises que iban y venían manteniendo una dura pugna con el astro solar, que finalmente cedió y se retiró agotado. Además, el invierno se está acercando, los días se van acortando y van dejando más espacio para la noche. Es algo lógico y periódico, pero en estas latitudes se acentúa mucho este cambio. Solía odiar cuando en mi tierra, cambiaban de un día para otro la referencia para medir el tiempo y de repente oscurecía a media tarde. En este país, a media tarde, hace ya horas que es noche cerrada. Las mañanas se me hacen muy cortas, las tardes eternas. Para colmo, el poco tiempo que hay de luz, aunque sea algo ténue por las nubes, lo dedico a llevar a cabo la misión para la que fui enviado, enfrentándome a artefactos del averno, para ganarme el sustento.

Por eso, el domingo pasado, día del sol según los anglosajones, en el cual la estrella quiso reivindicarse, no dudé en echarme a la calle a pesar del cansancio por la noche anterior. Necesitaba pasear, aunque sea un momento, bajo su influjo, llenarme de vida. La ciudad se veía de otra manera, incluso la gente parecía estar más alegre. Lamentablemente, la Tierra, en su incansable movimiento, rápidamente dio la espalda al sol, ocultándolo por el oeste y devolviéndonos a la penumbra.

Soy una persona a la que le gusta vivir de día, acostumbrado a ver el sol muchas horas al año. Disfruto de las mañanas claras y despejadas en los que los colores de la naturaleza muestran todo su esplendor. Quizá esta ciudad me cambie, me haga descubrir los misterios de la noche, me convierta en un amo de las sombras. Puede incluso que cuando vuelva a recibir la luz del sol me queme. O me haga brillar.

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4 comentarios

  1. Yo he llegado a casa, me he tirado en el sofá, y cuando me he querido dar cuenta ya estaban a punto de cerrar el súper de aquí al lado… Si llego a ir a clase de polaco, a estas horas estaría ahogando mis penas en vodka!


    • ¡No! ¡No ahogues tus penas en vodka! Al menos no solo.


  2. Estás hecho un artista!

    Eso sí, lo de que te gusta más el día no lo tengo claro después de esas noches de Museo del Jamón, Maloneys y demás…


  3. Supongo que, al igual que tu hiciste, la mayoría de los polacos también se fueron en desbandada a pasear y tomar el sol. Es algo normal. Incluso diría que es simplemente una necesidad fisiológica: el cuerpo te pide sol.

    Al menos a mi me pasaba en Dinamarca…



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